Tráfico de Cocaína: La Guerra de EEUU contra las Drogas que Apunta a Venezuela y Protege a Otros

Tráfico de Cocaína: La Guerra de EEUU contra las Drogas que Apunta a Venezuela y Protege a Otros

El tráfico de cocaína se ha convertido en el argumento central de la guerra de EEUU contra las drogas, una estrategia que, bajo un análisis profundo, revela una paradójica selectividad al señalar insistentemente a Venezuela, mientras los datos oficiales y la presencia militar estadounidense en los mayores países productores del mundo cuentan una historia muy diferente. Mientras Estados Unidos se consolida como el mayor consumidor de cocaína del planeta y Colombia bate récords de producción, la presión diplomática y militar se enfoca en la nación con las mayores reservas de petróleo del mundo, levantando serias dudas sobre si la verdadera batalla es contra los narcóticos o por el control geopolítico y de recursos en la región.

El Mapa del tráfico de cocaína: Dónde se Produce y Quién Consume la Cocaína

Para entender la dinámica, es crucial seguir los datos. Según el Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el panorama es claro: la producción y el consumo de cocaína están en niveles récord. En 2023, la fabricación mundial alcanzó la cifra histórica de 2.757 toneladas, duplicándose desde 2013.

Los protagonistas de esta cadena están bien definidos:

  • Producción: La oferta global se origina casi exclusivamente en tres países andinos. Colombia es el principal productor mundial, acaparando el 61% del cultivo de hoja de coca. Le siguen Perú (26%) y Bolivia (13%).
  • Consumo: El principal mercado son las Américas, con Estados Unidos a la cabeza, seguido de Europa Occidental y Central. Es importante resaltar que el informe de las Naciones Unidas oculta las cifras de EEUU, NO SOLO DE CONSUMIDORES DE COCAÍNA sino de todas las drogas.

A pesar de que las incautaciones también han alcanzado cifras récord, la UNODC admite que la cantidad de cocaína disponible para el consumo sigue creciendo. Esto demuestra que la estrategia de interdicción actual, enfocada en la oferta, ha resultado insuficiente para frenar el flujo.

Para dimensionar la fijación geopolítica en la cocaína, es fundamental situarla en el contexto del consumo mundial de drogas. Los datos de la propia UNODC revelan que la cocaína no es, ni de lejos, la sustancia más consumida a nivel global:

  • Cannabis: Sigue siendo la droga más popular, con un estimado de 219 millones de consumidores (4,3% de la población mundial).
  • Opioides: Consumidos por 60 millones de personas, y son la clase de droga que causa la mayor carga de morbilidad y muertes por sobredosis.
  • Anfetaminas: Utilizadas por 36 millones de personas.
  • Cocaína: Se ubica en cuarto lugar, con 22 millones de consumidores (0,4% de la población mundial).
  • «Éxtasis»: Consumido por unos 20 millones de personas.

La Paradoja de la Intervención: Bases y Entrenamiento de EEUU en el Corazón de la Producción

La narrativa oficial de la lucha antidrogas de Estados Unidos se enfrenta a una contradicción evidente sobre el terreno. Mientras la producción se dispara en Colombia y Perú, la presencia y cooperación militar estadounidense en estos territorios es profunda y de larga data, sin que esto se traduzca en una reducción del narcotráfico.

En Colombia, el acuerdo de 2009 para el uso de siete bases militares por parte de EEUU marcó un hito en la cooperación militar. Aunque fue invalidado por la Corte Constitucional colombiana, la colaboración ha continuado bajo otras modalidades. A pesar de décadas de asistencia y presencia militar bajo el pretexto de la lucha antinarcóticos, Colombia no solo sigue siendo el mayor productor, sino que ha aumentado su capacidad.

El caso de Perú es igualmente revelador. La presencia militar estadounidense es constante, justificada a través de ejercicios como el «Resolute Sentinel 2023» y la formación continua de sus fuerzas especiales y policía antidrogas (DIRANDRO). Como detalla el investigador Pablo Ruiz, miles de militares peruanos han sido entrenados en la Escuela de las Américas (SOA/WHINSEC), una institución famosa por formar a personal militar implicado en violaciones de derechos humanos en toda la región. Esta intensa cooperación militar en el segundo mayor productor de cocaína del mundo no ha logrado mermar la industria.

Venezuela bajo el Foco: Cuando el Petróleo Pesa más que la Cocaína

En este contexto, el señalamiento a Venezuela resulta, como mínimo, selectivo. La narrativa estadounidense, a menudo replicada por medios como Infobae, acusa al gobierno venezolano de amparar al «Cartel de los Soles» y de utilizar su aparato estatal para traficar toneladas de cocaína en alianza con las FARC, el ELN y el Cártel de Sinaloa. El expresidente Trump llegó a firmar una orden secreta que permitía el uso de la fuerza militar contra estos supuestos cárteles.

Trafico de cocaína por agua acorde a UNODC
Trafico de cocaína por agua acorde a UNODC

Sin embargo, los datos de la UNODC pintan un cuadro distinto. Venezuela no figura como un país productor. Su papel, según los informes internacionales, es el de un país de tránsito, una función que también cumplen de manera significativa Ecuador, convertido en un punto clave para la salida de droga a Europa; Brasil, desde donde operan mafias como el PCC; y México, centro logístico de los cárteles que abastecen el mercado estadounidense.

Trafico de cocaína por tierra acorde a UNODC
Trafico de cocaína por tierra acorde a UNODC

Entonces, ¿por qué el foco desproporcionado sobre Venezuela? La respuesta podría no estar en los cultivos de coca, sino bajo su suelo. Venezuela posee las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, un recurso estratégico de valor incalculable. La presión de EEUU, enmarcada en la lucha antidrogas, coincide con un largo historial de hostilidades políticas y sanciones económicas contra un gobierno no alineado con sus intereses. La «amenaza» del narcotráfico se convierte así en una justificación conveniente para una política de presión que tiene objetivos geopolíticos y económicos mucho más amplios.

La guerra contra las drogas, tal como la ejecuta Estados Unidos en América Latina, parece ser una herramienta flexible: se muestra tolerante y colaborativa con los mayores productores, donde mantiene una influencia militar estratégica, mientras la utiliza como un arma de asedio contra adversarios políticos que controlan recursos vitales. La cocaína fluye, los récords de producción se rompen y la atención se desvía convenientemente hacia donde los intereses estratégicos, y no los datos, dictan.

Trafico de cocaína por aire acorde a UNODC
Trafico de cocaína por aire acorde a UNODC

EEUU como Epicentro de la Crisis de Drogas

La narrativa de Estados Unidos como un actor que combate el narcotráfico en el extranjero se desmorona al analizar su propia crisis interna. Lejos de ser solo un «mercado», los datos de la UNODC posicionan a EEUU como el verdadero epicentro global del problema de las drogas, no solo en consumo, sino también en las devastadoras consecuencias sanitarias y económicas que este genera.

El problema estadounidense es sistémico y abarca múltiples sustancias:

  • Líder en Consumo: América del Norte, impulsada por EEUU, es la región con el mayor consumo de cannabis (20,2% de la población), tiene una de las prevalencias más altas en el consumo de opioides (2,75% de la población adulta) y es uno de los mayores mercados de anfetaminas. En cuanto a la cocaína, Estados Unidos posee la mayoría de los usuarios de la región, superando con creces las tasas de prevalencia europeas.
  • Una Emergencia de Salud Pública: Ningún otro país enfrenta una crisis sanitaria por drogas de la magnitud de la estadounidense. La epidemia de opioides y fentanilos ha llevado las muertes por sobredosis a máximos históricos, una tragedia que solo recientemente ha mostrado signos de estabilización. La aparición de nuevas sustancias como los nitazenos añade más leña al fuego. Las disparidades son brutales: la tasa de muertes por sobredosis entre la población afroamericana y nativa americana supera a la de la población blanca, evidenciando un problema social profundo.
  • El Motor Económico del Narcotráfico: La demanda interna ha creado el mercado de drogas más lucrativo del mundo. En 2016, las ventas minoristas en EEUU generaron 146 mil millones de dólares, una cifra que empequeñece los 31 mil millones de euros de toda la Unión Europea. Este colosal flujo de dinero es el verdadero motor que financia y sostiene las redes de narcotráfico que operan desde Colombia, México y otros países productores y de tránsito.

En conclusión, mientras la atención política y militar se dirige hacia Venezuela, los datos confirman que Estados Unidos no es solo un participante en el problema mundial de las drogas, no solo el tráfico de cocaína: es su epicentro. La combinación de un consumo masivo y diversificado, una crisis de salud pública sin parangón y un mercado interno multimillonario lo convierten, de manera integral, en el país con el conjunto de problemas relacionados con las drogas más grave y complejo del planeta.

EEUU es el mayor consumidor no solo de cocaína sino de drogas a nivel mundial
EEUU es el mayor consumidor no solo de cocaína sino de drogas a nivel mundial

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